ACRG/ febrero 22, 2016/ Historia

Allá por 1209 San Francisco de Asís fundó la Orden de los Hermanos Menores, La Orden Franciscana.

Tras siglos de reformas y avatares históricos, el carisma franciscano hoy se extiende por todo el mundo, no solo dentro de nuestra Orden, sino también en un sinfín de instituciones, asociaciones y simpatizantes. La riqueza del carisma franciscano abarca desde la vida activa a la contemplativa, desde la docencia hasta la misión, pasando por parroquias, santuarios o simplemente siendo presencia y testimonio entre los más desfavorecidos.

En 1908 los franciscanos llegan a Guadalupe con la difícil tarea de levantar este lugar tras la ausencia de la Orden Jerónima y tiempos oscuros de decadencia. Hermanos sencillos y con pocos medios pusieron a disposición de todos lo mejor de sí mismos y se fundaron escuelas, una hospedería y varias cofradías. Aquellos frailes hicieron que esta casa volviera a brillar con luz propia siendo lugar de referencia obligatoria para muchas generaciones.

Los franciscanos en el Camino Real

En Guadalajara, Nuestra Sra. del Olvido, en Madrid, San Antonio del Retiro,  en Toledo, San Juan de los Reyes, en Ávila, San AntonioArenas, San Pedro de Alcántara, y en Alcorcón, San Pedro Bautista.

San Pedro Bautista nace en San Esteban del Valle el año 1542, tres siglos más tarde que San Francisco. No pudo conocerlo, naturalmente, pero posiblemente sí conoció al gran reformador de su Orden, San Pedro de Alcántara, famoso y muy querido por las gentes de estos pueblos abulenses: San Esteban del Valle, Mombeltrán, Cuevas, Guisando y sobre todo Arenas, donde quiso venir a morir y donde yacen hasta el día de hoy sus restos.

San Pedro de Alcántara había estudiado también en Salamanca y no es improbable que su recuerdo se conservara aún fresco entre algunos universitarios, máxime al saberle ya famoso. Lo cierto es que, en 1567, a los cinco años de morir San Pedro en Arenas (1562), el joven Pedro Blázquez (Bautista) regresa de Salamanca, pide su ingreso en la Orden y hace su noviciado en el convento de Arenas, junto al sepulcro del gran contemplativo y penitente Pedro de Alcántara. Aquí, en pleno fervor y rigor espiritual de la reforma alcantarina forja su espíritu el joven novicio Pedro Bautista. Realizó su apostolado en Méjico, China, Japón y Filipinas, muriendo mártir en Nagasaki.